AÑO #1 Diciembre 2015 

Javier Calamaro

12/1/2015

"Escribí letras re tangueras para el disco más rockero de mi vida"

Cinco años tuvieron que pasar para que Javier Calamaro vuelva a sacar un disco de rock. Uno de los artistas más versátiles de nuestra música nacional decidió plasmar en un álbum las diferentes experiencias vividas en estos últimos cinco años de su vida, desde la llegada de un hijo hasta la partida de Luis Alberto Spinetta.

Javier está sentado en la mesa de afuera de un bar sobre Riobamba a pocos metros de la Avenida Rivadavia. Es una tarde calurosa, en lugar de tomar algo fresco optó por un café. El trajín de la ciudad parece no incomodarlo, se muestra tranquilo y disfrutando de una charla junto a su mujer y su representante. Minutos después entra, se sienta y comienza a contar de que se trata este nuevo trabajo que se llama Próxima Vida.

 

-¿Cómo estás viviendo este presente con el nuevo disco?

Muy contento. El disco llevó mucho tiempo de producción porque pasaron muchas cosas en estos cinco años. Fueron tantas las experiencias vividas que en el medio hice un álbum de tango y eso también influenció este disco en el que incluí tres tangos. Son rockerísimas las versiones de tangos que grabé con mi banda que es la misma del disco "Este minuto".

-¿Cómo nace Próxima Vida? historia, un momento.

En el medio tuvieron que pasar muchas cosas para que exista éste disco. Yo no me había propuesto hacer un disco, sino hacer canciones. Junté suficientes canciones para hacerlo. Las cosas que me pasaron durante estos últimos cinco años, tango incluido, son los temas que forman este trabajo. Cada canción una historia, un momento.

-Uno de los momentos más notorios en este disco es el amor...

Sí, es un momento que se extendió durante los últimos seis años y que se refleja en tres canciones. Una que se llama "Hastalatumba" es tan importante que le iba a dar el nombre al disco, es una de las que le escribí a mi mujer, es una canción de amor. En cinco minutos resume todo lo que pasó en cinco años, por eso es una canción que refleja mucho el disco. Empieza suave y termina tremendamente furiosa con un rock and roll visceral y de amor a la vez.

-¿Cuales son los otros dos momentos?

El segundo es "Parte de mi" que es la primera canción que escribí para este álbum, en realidad la escribí para el disco de tango pero al final no la incluí. Es el único tema que está solo con el pianista, es tierna, tiene piano y cuerdas y cierra el disco.

Y la tercera canción de amor es "Tu Rey". La hice cuando uno llega al éxtasis de la relación carnal, que no me la puedo sacar de la cabeza y que además me siento así como la define el título. Habla de morder y de lamer y a la vez tiene algo chistoso que es como una influencia mexicana. México es como mi segunda patria, tengo familiares y amigos hace más de treinta años.

-¿Por qué decidiste hacer un tributo a Luis Alberto Spinetta con Post crucifixión?

El 8 de febrero del 2012 se murió Luis Alberto Spinetta y a las dos horas me metí en mi estudio con el "Indio" -guitarrista- y grabamos esa versión que queríamos que fuera súper respetuosa. Se respeta tanto que la hicimos con las dos voces que originalmente eran las de Spinetta y Lebón. Está grabada en la misma tonalidad que está completamente afuera de mi registro, yo soy bajo y ese registro es alto. El cuerpo estaba tibio y se nota, sentíamos cuando la hacíamos que estábamos como poseídos. Luís se murió a 15 cuadras de mi casa de aquel momento.

-Con Andrés grabaste a dúo "Bésame mucho"

Sí, fue otro de los momentos importantes cuando me lo crucé a Andrés. El último bajón que tuvo  fue un bajón feliz. Entonces Andrés hacía música experimental y esos delirios con canciones que nos había puesto nuestra madre. Hay mucho de eso en este disco. Por ejemplo Atahualpa Yupanqui es una herencia de mi hermana Eve. Atahualpa le dio asilo en París a mi hermana, cuando se tuvo que exiliar de la Argentina en el año 75, mi hermana es 23 años mayor que yo.

Javier se toma un tiempo para contar una curiosidad importante. Afirma que hay números que se repiten en este disco. 23 años es la diferencia que tiene con su hermana, a su vez es la misma cantidad de años que hace que bucea y que por eso justo antes de sacar este disco se sumergió nuevamente cerca de Península Valdés en la provincia de Chubut, en Golfo Nuevo y volvió a cantar bajo el agua.

- Otro de los invitados es la banda uruguaya El Cuarteto de Nos

Sí, todo nace cuando fui a presentar mi disco anterior -La vida es afano- a Uruguay. Fue la primera vez que canté en Uruguay en la sala Alfredo Zitarrosa, que fue el padrino de mi sobrino, está todo enlazado. Cuando volví estaba loco con el candombe y me di cuenta de que le debía mucho a los uruguayos, porque para mí Uruguay es el mejor país del mundo. Con la clave del candombe compusimos "El kiosko de la felicidad" que es un tema completamente existencialista, feliz y sin fronteras. Llamé a El Cuarteto de Nos y Roberto Musso hizo un rapeo alucinante, razón por la cual tuve que extender la canción un minuto más.

-¿Cómo surge la idea de ponerle música a una oración como "Yo confieso"?

Es un blues papal, se lo dediqué al Papa Francisco. El credo católico es algo con lo que me había metido con Los Guarros y recibí amenazas. Esa misma letra la había hecho con ritmo de rock and roll en una época de la Argentina donde era más retrógrada que ahora, más conservadora, mas facha y nos amenazaron de muerte por haber hecho eso. A mí nunca dejó de parecerme algo chistoso, nunca me amedrentó ni me dio vergüenza ajena, simplemente me parecía algo chistoso. Yo de hecho lo consideraba un homenaje, una muestra de respeto, no es que le puse en el medio un insulto. El "Yo Confieso" es una muestra de respeto, a ver si esta vez no lo malinterpretan.

Nota: Eduardo Casali

Foto: Ariel Alvarez

Wes Anderson

12/1/2015

El particular universo de Wes Anderson

El año 1969 tiñó al mundo de psicodelia, rock y excentricidades. Vieron la luz discos como Yellow Submarine, Zeppelin II y Stand Up. También tuvo lugar el Festival de Woodstock, el más grande de todos los tiempos. Curiosamente, en ese final de década marcado por el ferviente pacifismo de gran parte de la sociedad que se oponía a los conflictos bélicos y el hippismo copando la escena artística, nació Wes Anderson.

En Houston, su ciudad natal, pasó su infancia jugando con una cámara super-8. Su interés por el arte, y particularmente por el cine, fue afianzándose durante su adolescencia y luego de conocer a Owen Wilson durante su época de estudiante en la Universidad de Texas, juntos se lanzaron a escribir el que sería el primer largometraje del director: Bottle Rocket. Desde entonces, la creación de mundos paralelos y surrealistas ha sido la especialidad de Wes.

Detallista como pocos, minucioso al extremo y especialista en estética, Anderson supo inventar un universo propio, cargado de sellos que lo identifican, fácil de reconocer y sumamente particular, como él. Los escenarios, los cientos de personajes que conviven en las películas, los escuetos pero certeros diálogos, la voz en off que siempre guía al espectador, los peculiares vestuarios, la paleta de colores pastel adueñándose de cada escena, la impecable fotografía, son algunos de los elementos esenciales que le dan vida a las producciones del que, quizás, sea el más original director de los últimos años.

La música, el elemento distintivo

Una mención aparte merece otro de los actores principales de las producciones del texano: la música. Allí, presentes en cada aventura, en cada desamor, en cada sonrisa furtiva, aparecen puñados de canciones que le dan vida a una atmósfera única, que provocan empatía con los personajes, haciendo mella en lo más profundo de cada uno. 

El impetuoso ritmo de The  Who y la armonía de The Kinks acompañando la enredada y compleja vida amorosa de los personajes de Rushmore; la voz de Nico sonando suave, apacible, viajando por las calles de New York cuando Richie y Margot se reencontraron en The Royal Tenenbaums; los vertiginosos acordes de los Beach Boys en cada escape de los animales en Fantastic Mr. Fox, las dramáticas melodías clásicas formando parte de las increíbles aventuras de Gustave y Zero en Grand Hotel Budapest. Todas muestras de lo sustancial e inseparable que es la música en las secuencias que plantea Anderson, que no teme caer en momentos cliché o en recurrir a algunos clásicos que nunca fallan para ponerles alma a las escenas que va creando.

Existen un centenar de razones que hacen que las películas de Wes sean francamente adictivas y que no permiten al espectador abandonarlas a mitad de camino. La armonía sonora que estruja corazones pero que de manera sutil te zambulle en un universo de amor desgarrador y a la vez inevitable es, sin lugar a dudas, una de las principales.

Alma Carrasco

“Pájaros rojos”- Graciela Pernas Martino

12/1/2015

Una afirmación es tan clara como verdadera “el amor mueve al mundo”. En esta oportunidad me cruce con un libro que rinde cuentas claras de otra afirmación, mucho más pujante y acertada “el amor de una madre mueve al mundo”.

El libro “Pájaros rojos” es impactante y emociona tanto como la vida de la autora. Con solo 19 años de edad el Golpe Cívico y Militar del 76 se llevó a Graciela, convirtiéndola en una persona desaparecida. Nunca se supo nada de ella ni de su novio, como muchos jóvenes de la ciudad de La Plata.

Alba Martino, madre de Graciela, no se quedó sentada ni con los brazos cruzados. Desafió una columna de cajas apiladas y rescató un centenar de poesías para confeccionar y hacer realidad el sueño de su hija.

A primera vista el libro se caracteriza por su poesía, aunque es mucho más que eso. Los dibujos realizados por la autora, sus recortes de distintos diarios locales, sus cartas personales, sus propias fotos de afiches, sus hojas escritas en horas de clase enriquecen la obra.

El lector debe saber de antemano que los escritos poseen múltiples sentimientos, no es un libro “liviano” ya que la realidad de dicha época provocó en la autora emociones intensas.

Creo que cada vez estoy más convencido de dicha afirmación. Desde el año 2001 el Parque Saavedra, ubicado en la ciudad de las diagonales, se lleno de luz.  Con un dolor profundo el  sueño de otra madre se hizo realidad.

Al escribir estas líneas se me pone la piel de gallina. La muzzita inspiradora es Pilar, una nena de 9 años que sufrió una horrible enfermedad y lucho hasta lo último. El pie de la página web -http://www.delotroladodelarbol.org.ar- devela el motor de la fundación: “Inspirada en Pilar por su lucha incansable y su infinita ternurita”.

 “Del otro lado del Árbol” es un mundo dentro de este mundo. Los días sábados y domingos realizan todo tipo de actividades para chicos y chicas de todas las edades. Incluso, un grupo de vecinos llevan adelante  una enorme y colorida biblioteca popular.

Muchas veces las madres hacen cosas impensadas. Es imposible pensar en transformar el dolor en sueños. Pero, como intenté señalar, las madres se mantienen fuera de cualquier realidad.

Quiero creer en esas afirmaciones.

Pablo Anduaga

Walter Dobrowlañski

12/1/2015

"La madera es muy cautiva. Sus aromas, vetas y sabores te enamoran".

Desde chico jugaba con un cortaplumas y maderitas que había tiradas en el monte de Berisso. Improvisaba formas y soñaba con ser artesano. Cuando tenía trece años una tía abuela que vino de Polonia le trajo unos tallados con la cara de Copérnico y otros de Cristo en madera de Abedul, hecho que lo marcó a fuego. Walter Enrique Dobrowlañski es descendiente de inmigrantes polacos, se pasó toda su infancia arriba de una canoa y en los montes de Berisso. Sus abuelos trabajaron en el frigorífico pero en sus ratos de ocio eran carpinteros tallistas con ciertas condiciones de lutherismo: "Mis abuelos se hicieron sus propios violines y mandolinas. Era típico de los inmigrantes polacos, esa cultura la llevamos en la sangre". Walter trabajó durante varios años en el norte de nuestro país y en los países limítrofes: "No me animo a ir a Europa porque el artista que llevo adentro no me permitiría volver". Hoy es uno de los principales representantes de nuestro país y referente de muchos jóvenes que sueñan ser grandes escultores.

 

-¿Qué hacía tu familia?

Nosotros teníamos plantaciones de ciruelas, tomates, jazmines, lo que era la forestación de acá. Nuestros productos eran los dulces que los comercializábamos en el mercado de La Plata y las flores que le vendíamos a los floristas de la zona. 

-¿Cuando empezaste a ver que el tallado iba a ser tu profesión?

Siempre quise vivir de esto. Fue una lucha con mi viejo, porque él quería que sea técnico mecánico y yo tenía un perfil artístico. A los 14 años me pude sublevar, dije "esta es la mía" y con cuatro herramientas fabricadas por mi -porque no conocía las herramientas- comencé a realizar mis primeros trabajos.

-¿Era todo improvisación o veías diferentes trabajos artísticos como cuadros o esculturas?

El tema fue siempre el volumen de la madera porque es muy cautiva, tiene aromas, sabores y vetas, la madera te enamora. Acá el 90% de las personas ve en el monte Sauces y Álamos, pero hay de todo. Hay plantas que no son comerciales pero son muy buenas para tallar. La madera es mi mundo.

-¿Cuales son los primeros trabajos que realizaste?

Cuando me tocó el amor a los 15 años comencé a hacer cosas un poco más elaboradas y en tres dimensiones, siempre con cuatro herramientas que eran fierritos afilados. La escuela industrial  me ayudó mucho a progresar en el dibujo artístico y técnico, eso me aceleró un montón. Para los 18 años hacía cosas terribles ya.

Tuve una historia rica en cuanto al aprendizaje, más de la mitad de mi vida aprendí siendo maestro. También me instruí mucho de lo autóctono cuando me fui a vivir a las provincias del norte durante ocho años, buscando maderas buenas. Acá en la zona las buenas maderas son escazas.

-¿Cuales son las mejores maderas para trabajar?

A este altura de mi vida la mejor madera es la que te da de comer. Pero cuanto más dura es mejor, porque te deja hacer cosas mejores con más detalles.

-Más allá de la madera ¿Qué otras cosas buscabas en tu viaje al norte?

Buscaba un montón de cosas, el clima en primera instancia porque me gusta el calor. Me fue muy bien, tanto que llegué a ser secretario de cultura de una ciudad. Hice muchísimos trabajos, conocí maderas estupendas y vi por primera vez las herramientas profesionales para trabajar, que no eran del norte sino de Entre Ríos. Me fui de Jujuy a Federación a conseguirlas.

-¿Cual fue tu primer trabajo grande?

Uno hecho con Palo Santo que tenía 70cm de alto. Era duro como una piedra y no tenía herramientas para trabajar. Estuve 18 días arriba de ese palo y habré dormido 40 horas, era pasión pura. Ahí me dije "soy artesano".

Nota Edu Casali

Foto Ari Álvarez

1 / 1

Please reload