AÑO #1 Febrero 2016 

Fidel Nadal

2/1/2016

"Soy un soldado del campo de batalla, me gusta estar en el día a día y la música sigue siendo mi pasión como hace treinta años atrás".

Llegó a la oficina, saludó con un choque de puños y con una sonrisa de oreja a oreja. Fidel expresa alegría, dice un chiste atrás del otro. Es un día soleado y le sienta muy bien, vestido con una túnica celeste y su turbante tan característico mira algunos ejemplares de la revista que le llevamos mientras pregunta donde hacemos la nota. En su costado izquierdo lleva un pin con tres figuras que considera muy importantes: Marcus Garvey -periodista defensor de los derechos de los negros-, Sagrado Emmanuel -emperador de la iglesia Rasta Bobo Shanti- y Haile Selassie -emperador de Etiopía. Una vez que se decidió que sea el primer piso subimos, se pidió un café en jarrito y ya estaba todo listo para contar todo acerca de "Tek a Ship", su último trabajo discográfico.

Creció escuchando jazz, blues y soul. A temprana edad se dio cuenta de que la música era su camino a seguir. Sus padres estuvieron siempre involucrados a los movimientos sociales, cosa que lo influenció en sus primeras composiciones. A mediados de los `80 irrumpió la escena local con "Todos tus muertos". Con la llegada de los vinilos importados a nuestro país comenzó a escuchar reggae, un estilo que lo impactó y que hasta el día de hoy lo acompaña en sus composiciones y en su vida.

 

-¿Cómo era tu entorno familiar, que música escuchaban en tu casa?

Yo nací con la música. Cuando crecí empecé a ver los nombres de los discos que hasta ese momento eran sonidos para mí. Me di cuenta que había discos de jazz y soul -artistas como Louis Amstrong y James Brown- y  algunas cosas de salsa, merengue y sound cubano.

-¿De música nacional no escuchaban nada?

A nivel nacional mi vieja tenía los discos de Nacha Guevara que cantaba canciones políticas y algunos de floklore, pero lo que más me acuerdo eran el jazz, el blues y el sould.

-Sos descendiente de anglosajones ¿Pensás que eso tuvo que ver con las canciones políticas que escuchaban en tu casa?

Sí, en mi casa había bastante política. Mis padres se involucraban mucho en los movimientos sociales, mi papá iba a la facultad de cine de La Plata. Eso a mí me influenció mucho, lo noté en mis primeras letras.

-¿Cuando decidiste que tu camino a seguir era la música?

Cuando estaba en el secundario me tiré de lleno a la música. Nunca estudié música, a los 11 años sin saberlo quería tener un grupo y después a medida que fue pasando el tiempo esa idea empezó a tomar forma y cada vez me interesó más. Quizás me fui al extremo que solo te lleva la pasión o la locura por algo.

-¿Cómo fueron los primeros años?

Estaba todo el tiempo escuchando música, tratando de absorber todo lo que podía. En esa época era mucho más difícil, no existía el fax, tampoco teníamos fotocopias ni internet. Imaginate que para conseguir algo demorabas mucho más, si vos sabías algo eras como una eminencia. El disco era un fetiche, del artista que te gustaba conocías solo dos fotos: la de la tapa y la contratapa del disco, no había más fotos. Después empezaron a aparecer las primeras revistas de música, recortábamos las fotos y lo que decían las notas era más cierto que la biblia, aunque digan cualquier cosa.

-¿Cómo viviste los 80 con una banda consolidada?

Fueron muy agitados. Tuvimos momentos de quiebres en donde no había nada y hubo que imponerse hasta que a la gente le guste tu estilo. Ahí  fue donde, en la música, pasé de ser un aficionado a ser profesional. Sin darme cuenta pase de ensayar o querer ir a tocar a una fiesta a tocar en bares más seguido, empecé a recorrer los escenarios. Desde casi de la nada hasta sacar mi primer disco en el año 88 con "Todos tus muertos".

-Me refería a esa etapa previa donde "Todos tus muertos" pasó de la escena under a la consolidación?...

Fue la época más entretenida y la más difícil, porque en realidad era solo el hecho de hacer y hacer cosas. Ahora es diferente, salís un día con algo y al otro día o a la semana ya no estás más. En ese momento era distinto y para mí es lo que después formó la anécdota.

-¿La producción era más difícil que hoy?

Nuestro mayor problema en ese momento era a la hora de grabar. Era complicado decidir que ingeniero o productor podía plasmar lo que queríamos en el disco. Nosotros ensayábamos y lográbamos lo que buscamos pero a la hora de hacer un disco entrabas a la órbita de un ingeniero. Era muy difícil traducirle a esa persona que no tenía ningún tipo de información previa que era lo que queríamos nosotros. Esa gran dificultad me terminó sirviendo porque me la tuve que rebuscar solo para ver cuál era el camino hasta donde quería llegar. Eso me enseñó un poco a expresarme y a, sin tener conocimiento técnicos o musicales, lograr el sonido que yo quería.

Me ha pasado muchas veces que cuando sale un tema la gente no dice nada y a medida que pasa el tiempo se convierte en un temazo. En definitiva para mí lo mejor es hacer lo que quiero y siento. Es como cuando pateas un penal y vos que nunca la pateás al ángulo buscas hacerlo, si es gol listo joya, lo errás y empezás a decir "por qué, si yo nunca la pateo al ángulo", en cambio en la mía pateo fuerte al medio y si lo erro puedo dormir porque morí en la mía.

Nota: Edu Casali

Foto: Juli Strelchenia

Tano Cipollone

2/1/2016

"Con el candombe conocí una cultura que me une a la música rioplatense y la tomé como una forma de vida"

 

Influenciado por sus padres y su hermano comenzó a escuchando rock argentino, discos de las diferentes épocas de Charly García, Baglietto y Spinetta se reproducían en un magazine familiar. Fernando "El Tano" Cipollone nació en el año 79, entrando a su adolescencia impulsado por su hermano mayor comenzó a estudiar guitarra en la Escuela de Arte de Berisso. Sus primeras bandas fueron de rock pero con el tiempo fue incorporando diferentes estilos que lo llevaron a formar en la actualidad dos proyectos vinculados con el candombe y la música latinoamericana. Hace algunos años entabló una relación con Cacho Lopez, quien es hoy su amigo y con quien aprendió los primeros pases de la luthería, oficio que junto a su performance como artista le permiten hoy llegar a cumplir un anhelo que deseó durante mucho tiempo: vivir de la música.

 

-¿Qué escuchaban en tu casa cuando eras chico?

Mi hermano es músico, toca los teclados y es muy fana del rock nacional. Mi viejo también tocaba la acordeón. Desde muy chico empecé a mamar la música, me acuerdo que empecé a escuchar música con un Magazine de Pescado Rabioso y uno de "Whish you were here" de Pink Floyd. Cuando mi hermano era adolecente comencé a escuchar vinilos de La Máquina de hacer pájaros, Sui Generis y algunas bandas más del rock nacional. También recuerdo un disco de Baglietto cuando sonaba "El loco de la calesita" que me asustaba. Desde chico empecé a mamar todo eso. Había todo un contexto social que tenía mucho que ver.

-¿Cual era ese contexto al que haces referencia?

Mi viejo trabajaba en Propulsora, militaba y en la época de los milicos lo meten en cana. Fueron a mi casa, tiraron la puerta abajo y se lo llevan, mi vieja estaba embarazada de mi hermana. Estuvo un año preso en la unidad 9, nunca cuenta lo que le pasó en ese momento. Por ser italiano mi abuela empezó a moverse con la embajada de Italia hasta que logran la liberación, zafó porque era italiano, amigos de él quedaron desaparecidos. Una vez que salió de la cárcel se exilió con mi vieja y mis hermanos a Italia hasta principios del 79 que volvieron y a los pocos meses nací yo.

-¿Cómo siguió su vida después de lo que le pasó a tu papá?

Vivíamos con un toque de miedo con todo lo que había pasado. En mi casa siempre se respiró ese clima de democracia. Hace dos o tres meses mi viejo fue querellante en el juicio contra varios militares. Fue uno de los testigos que más dio la cara, le hicieron notas de diarios y revistas y nunca tuvo problemas en dar la cara sabiendo lo difícil que es. Estoy orgulloso de él por los huevos de hacer eso. Eso como que influyó un poco en todo lo que es la música.

Crecí en ese ambiente del rock nacional, de las letras que van más allá como las de Charly y las de La Máquina de hacer pájaros. Mi hermano tocaba la viola y los teclados, yo lo iba a ver y a los 15 años empecé a tocar la guitarra y me metí en la escuela de arte.

-¿Cuando formaste tu primer banda?

Cuando tenía 16, se llamaba "Anestesia local" que era una mezcla de heavy con rock and roll, después me fui y los chicos siguieron más por el camino del heavy. Tiempo después arranqué a tocar con "El andén", empecé a hacer temas míos influenciado con el rock pero con algunas cosas del pop también. Recuerdo las noches en las que tocábamos junto a "La Plegaria" en Superchango, un bar del centro de Berisso.

-Después de "El andén" vino "La Bufa"...

Claro, en el 2003 decidí dejar la banda y no toqué más, me metí a grabar cosas solistas hasta el 2005 que comencé con "La Bufa". Estuvimos varios años, hicimos un disco con seis temas y más tarde hicimos otro álbum que presentamos en El Fabero. Esa noche tocamos con otra banda que había formado que se llamaba "Alycawer", con el tiempo me fui de "La Bufa" y me quedé con "Alycawer". Hacíamos rock pero más Jazzero.

-¿Por qué se llamaba "Alycawer"?

Era el nombre de un granero de Verónica, los chicos eran de ahí.

Con "Alycawer" viajó a Brasil donde comenzó a influenciarse con toda la música proveniente del norte del país vecino. Conoció la Samba Reggae con músicos como Carlinhos Brow y el Forró, un estilo que se compone con tres isntrumentos: zacuba, triángulo y acordeón. "Conocí acordeonistas impresionantes como por ejemplo Dominguinhos" declaró al pasar.

-¿Qué repercusiones tuvo en tu música el viaje a Brasil?

Cuando volví empecé a mezclar todo lo que escuché con lo que venía haciendo con "Alycawer". Al año siguiente volví a irme de vacaciones con los chicos de la banda y empecé a conocer el candombe. En 2010 comienzo a frecuentar "La Cuerda del Candombe" que ensaya en el bosque todos los domingos. A su vez empiezo a tocar el bajo en una banda que se llama "Tioco" que hacíamos afro jazz brasi latino.

-Cuando conocés el candombe comenzás a darle forma a lo que posteriormente fue "La Chatarra y el Traqueteo"...

Sí, en 2012 dejé "Alycawer" y me fui a Córdoba a un encuentro de escultores porque mi compañera es escultora. Era un encuentro en Nono de esculturas con chatarra. Estaba en el camping con la bajista, el tecladista y el acordeonista de "Tioco", armamos algo para salir a tocar y le pusimos "La Chatarra trío". Empezamos a fusionar músicas de Brasil con temas nuestros y algunas cosa de candombe.

En 2013 vuelvo a Córdoba pero esta vez la bajista y el tecladista no pudieron ir, fui con el baterista y me encontré con unos amigos de Berisso. Armamos otra banda que se llamaba "El Traqueteo". Finalmente en 2014 pudimos ir todos a Córdoba como "La Chatarra y el Traqueteo" que hasta el día de hoy es la banda en la que toco. Por todas las influencias que tenemos denominamos nuestro estilo como "Música de Latinoamérica".

Nota Edu Casali

Foto Ariel Alvarez

Pequeña reflexión a propósito del natalicio de Bob Marley

1/1/2020

Este 6 de febrero Bob Marley hubiera cumplido años, nada menos que 71. Toda una vida hubiese llevado de no haber sido víctima de un cáncer que lo mató cuando tenía apenas 36. Surge la necesidad de hablar de él porque hace pocos meses una publicación en facebook con la foto de varios fallecidos músicos, entre las que se encontraba Marley, preguntaba a quién de todos los que allí se encontraban reviviría. Naturalmente, como respuesta de una fanática del papá del reggae, lo primero que surgió fue Bob Marley, aunque luego de unos segundos de observar a los otros grandes indiscutidos (Kurt Covain, Amy Winehouse, Janis Joplin, por mencionar algunos) que aparecían, la respuesta se modificó, algo que luego dejó varias preguntas acerca de las cuales reflexionar. ¿Por qué no Marley? Mérito suficiente tiene, no sólo por su música sino también por su mensaje de unión y paz. ¿Por qué Marley no si más de uno se ha transportado a otros planos escuchando sus discos y shows en vivo? ¿Acaso cuántas personas convocaría hoy el músico jamaiquino para una fiesta de lucha y amor que profesa el reggae? ¿Con cuántos de los actuales héroes de la música internacional hubiese compartido canciones y escenarios? Una a una las preguntas se iban agrupando, obligándome a una nueva escucha y lectura de todo el material para analizar.

Con los días, y revisando la discografía de Marley, la respuesta a todas esas preguntas se presentó con forma de otra incógnita: ¿cómo resumiría Marley, en un recital de dos horas, la historia de su vastísima carrera musical?

Automáticamente el porqué de mis dudas obtuvo su final más que feliz: Bob Marley escribió y compuso todo lo que pudo e, incluso, más. Ninguno de sus valores como persona dejaron de tomar forma de canción y difundirse como éxitos. Absolutamente todas sus ideas acerca de la vida y la lucha por la igualdad encontraron su lugar dentro de su universo creativo y agotaron letras y melodías que aún hoy resuenan por todo el planeta. No se conformó con las hermosas simplezas del reggae y siempre logró superar su propia música, componiendo discos exquisitos y brindando shows inolvidables que terminaban por elevar a los afortunados que alguna vez tuvieron la oportunidad de verlo en vivo.

Bob Marley vivió hasta donde le dio su propia fuerza espiritual y, de haber podido, probablemente hubiese vivido más. Seguramente hubiese continuado creando grandes canciones y siempre quedará en el aire la pregunta acerca de qué más podríamos escuchar hoy de Marley de haber vivido algunos años más. Pero lo cierto es que cuando nos abandonó lo hizo dejando un legado más que abundante desde donde ingresar a su mundo musical para entrar en contacto con su sabiduría. No podemos reclamarle nada, ni a él como músico ni a la muerte por llevárselo tan jóven, porque lo dio todo hasta el último día de su vida. Sólo tal vez extrañarlo y honrar su música de la manera que cada uno pueda. No olvidarlo, pero sobre todo, no olvidar su mensaje, quizás su razón de ser para haber cargado con la responsabilidad de vivir con tanto éxito y tanto dolor a la vez. Desde este lugar, un gracias infinito y un mirar para adelante que lo tendrá siempre presente en lo más alto.

Nota Ana Dagorret 

La épica de J.R.R Tolkien

2/1/2016

Tenía aproximadamente nueve años cuando me regalaron los dos primeros tomos de Las crónicas de Narnia de Lewis. Ávido, como siempre, comencé a escrudiñar las primeras hojas, mas poco duró mi entusiasmo, y no tardé en declarar que eso era «un libro para chicos». Así pues, al día siguiente fui a la librería para trocar a Lewis por algo que calmara mis ansias de aventuras. Fue entonces que di con El hobbit y mi vida cambió para siempre. No me parece un detalle menor haber cambiado a Lewis por Tolkien: quizás mi destino literario se estuviera forjando en ese mismo momento.

                Desde aquella edad temprana, mi vida estuvo plagada de hobbits, elfos y enanos; en poco tiempo devoré El señor de los anillos, El Simarillion, Egidio el granjero de Ham, Las aventuras de Tom Bombadil… La existencia comenzó a tomar forma de Tierra Media, las pequeñas encrucijadas diarias empezaron a llamarse «aventuras» y, sobre todas las cosas, la naturaleza dejó para siempre de ser el mero marco de fondo de mis andanzas para convertirse en el centro mismo de la acción. Comencé a sentir el gran anhelo por conocer lugares aún no explorados, por hollar arenas ignotas, por descubrir caminos que nadie recordara. Al mismo tiempo, mientras más me internaba en la obra de Tolkien, empecé a experimentar el «amor por los objetos hermosos creados con las manos y con el ingenio y con la magia». El amor por lo bello: ¿cuál es si no esa la más grande enseñanza de la obra de Tolkien? ¿Quién puede librarse, luego de la lectura de El señor de los anillos, del encanto de la orfebrería, de la cartografía, de las runas…?

                Tolerar el esplín diario con el estoicismo de Frodo, con la bravura de Hurin; cumplir las labores cotidianas con la constancia de Gandalf, con la determinación de Fëanor; nunca abandonar a los amigos en problemas, siguiendo el ejemplo de Bilbo en el Bosque Negro; desafiar la tiranía y la soberbia con la valentía de Aragorn, con el denuedo de Fingolfin: Tolkien arrojó sobre mi vida una mirada literaturizante. Ya ningún árbol quedó libre de la comparación con un Ent, ya ningún mar me encontró sin voluntad de navegar hacia el más occidental de los horizontes, ya ningún cielo dejó de recordarme el brillo de Lothlórien. Y a pesar del duro golpe a la imaginación que significaron las películas de Peter Jackson, mis grandes amigos de la Tierra Media siguieron siempre vivos y únicos en mi mente: nunca habrá Viggo Mortensen que se compare con mi Aragorn, ni Elijah Wood que tenga porte de hobbit.

                Quienes caminan por un bosque y solo encuentran leña, quienes se enfrentan a una colina y solo la entienden como un obstáculo, quienes contemplan el mar y solo ven agua…, esas son las mentes que aún no experimentaron las aventuras de la Tierra Media, aún no sintieron el ardiente anhelo de «partir y ver grandes montañas, y oír los pinos y las cascadas,  y explorar cavernas, y llevar una espada en vez de un bastón para caminar». Por mi parte, la música que elegí, la carrera que estudié, los amigos que preferí, y hasta estas mismas palabras que usted lee en este momento son causa de aquel temprano encuentro con la obra del viejo y querido J. R. R. Tolkien. Sin más, los invito a abrir la puerta y sumergirse en el Camino: quién sabe qué aventuras nos depara hoy.

Jeronimo Corregido

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